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CALOR Y EJERCICIO FÍSICO



El cuerpo humano no puede soportar variaciones de temperatura corporal muy elevadas. 

Para adaptarnos a los cambios de temperatura, hemos desarrollado una gran capacidad termorreguladora: Cuando la temperatura central (cabeza, cavidad torácica y cavidad abdominal) sube por encima, o baja por debajo de los 37 grados, se ponen en marcha una serie de mecanismos encaminados a corregir este desajuste térmico.


El mecanismo consiste en expulsar el calor interno hacia el exterior a través del sistema circulatorio, que cumple esta función refrigerante:
  • Cuando el calor es excesivo, aumenta la cantidad de sangre que pasa por los vasos sanguíneos próximos a la piel, refrigerando la sangre. 
  • Cuando hace frío ocurre lo contrario, se “cierran” los vasos, y así se evita la pérdida de calor por el enfriamiento de la sangre (Ver la entrada Ejercicio físico en ambiente frío).

El propio organismo puede enviar la sangre allí donde más se necesita. A este mecanismo se le ha venido a llamar PERFUSIÓN SELECTIVA.

Una vez en la superficie de la piel, el intercambio de calor con el exterior se produce a través de cuatro mecanismos: Radiación, conducción, convección y evaporación:

  • La radiación, la conducción y la convección pueden producir tanto pérdidas como ganancias de calor.
  • La evaporación sólo puede producir pérdidas de calor.

El mecanismo más importante para regular la temperatura durante el ejercicio físico en ambiente caluroso es el de la EVAPORACIÓN.


Cuando hacemos ejercicio físico aumenta la temperatura corporal, debido al calor añadido producido por la musculatura.

En esta situación, el cuerpo se encuentra con dos grandes demandas de sangre:

  • La primera, la muscular, que necesita de la sangre para poder seguir funcionando.
  • La segunda, la termorreguladora, que requiere sangre para eliminar calor a través de la piel. 


Pues bien, según parece, prevalece la primera. Es decir, la sangre tendrá como prioridad la musculatura, en detrimento del mecanismo termorregulador

Esto no quiere decir que no vaya sangre al sistema termorregulador. De hecho, una de las adaptaciones al ejercicio físico es el aumento de la capacidad termorreguladora.

Lo que sí puede pasar es que, sobre todo en personas desentrenadas realizando ejercicio en ambiente muy caluroso, el mecanismo termorregulador no sea suficientemente eficaz como para mantener el cuerpo a una temperatura adecuada.

En consecuencia, lo que puede llegar a producirse es el AGOTAMIENTO POR CALOR, antesala del golpe de calor, por un exceso de temperatura corporal.




Otra de las consecuencias de la puesta en marcha de este mecanismo termorregulador es el de la deshidratación, debido a la pérdida de agua por el sudor evaporado. 



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